lunes, 26 de octubre de 2015

Nicolás

El maullido ronco de mi gato…
¡su ronco maullido!
¿Volverán sus cuerdas vocales
a funcionar?
¿Tendré que llorar?
Son cuerdas de arpa
que cantan sensibles
a la luna,
pero mi gato se equivoca
y en lugar de mirarla a ella
me mira a mí a los ojos,
pero mi gato se equivoca
y en lugar de preferir los bosques
se acurruca en mi regazo
ahora,
antes,
luego,
siempre.
En sus catorce años
mi gato a atormentado a mucha gente
con su fino arte del maullar,
quería que le abriéramos las puertas,
que le sirviéramos su comida,
exigía comer también la nuestra,
pero ahora
ahora apenas se le oye.
Su voz de anciano es algo roto
que suplica,
y a veces ni siquiera sale nada
de su boca,
más que un sonido es un aliento
que sufre de silencio.
Pero yo le oigo a mi gato,
yo le oigo:
veo cómo se le hinchan los pulmones,
como exhala su comentario
del momento
y actúo en consecuencia:
le abro la puerta,
le sirvo su comida
y a traición le limpio los oídos
si me acuerdo.
Yo sé que él dibuja con sus huellas,
por toda la casa,
un mundo donde yo pueda vivir
con cierta calma.
Y porque él sabe que su voz
soy yo quien la guarda
no tiene nada
que
temer,
¿verdad?
¿Verdad que no te vas a ir ya...?

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