domingo, 30 de julio de 2017

No pido tanto

Quiero estar con gente
que me trate bien,
no pido tanto.

No pido que sonrían siempre,
que me traigan a la cama
el desayuno
o me llamen cada vez
que me surja un problema
para ver si necesito algo.

Todo eso estaría genial,
pero no lo pido.

Te hablo, no sé, por ejemplo
de alguien que conozca mi nombre,
que cuando me vea
me diga “hola”
-aunque sea porque es
lo que se suele decir
en estos casos-
o cuando haga algo por ella
sepa que “gracias”
es la palabra correcta.
Que no tenga que ir,
diccionario en mano,
para explicar lo que significa
“perdón”
si algún día se equivoca.

Claro que me gustan los besos,
los abrazos
a la altura del corazón,
las bromas,
las risas que te mantienen viva
tres semanas…

Pero creo
que nos entendemos.

Gente que me trate bien.

Gente que merezca la pena
porque no te pone triste.

Porque no te la da.

lunes, 24 de julio de 2017

El mal

Menos mal que sufro.
Porque si no sufriera,
¿quién cuidaría
estas preciosas ojeras?

No tendría excusa para cuidarme;
sería feliz como cualquiera.

Es un miedo ancestral
que no sé de dónde viene
aunque sí adónde me lleva.

Y si yo no sufriera
tal vez no me llamara Sonia,
me llamaría Marta
o Patricia.

No estaría escuchando
canciones de amor
como una gilipollas
que ha creído -que cree-
tener algo que nunca fue.

Pero no tiene causa mi desgracia,
es misteriosa:
como una pluma
sobre unos labios azules,
pálidos,
inertes.

Es misteriosa
y se llama Sonia
y a veces me hace encogerme
mientras susurro “duele”.
Y esa palabra es
como un barquito a la espera
de un río de lágrimas dulces
que le permita avanzar.

Y ese barquito…
Menos mal que sufro.
Porque si no nunca vería el mar.

domingo, 2 de julio de 2017

Imagino, qué

Si yo fuese una mariposa
en lugar de mosca
seduciría a los árboles
con mis graciosas alas:
a los sauces,
a los cerezos.
Bailaría con otras mariposas
con vuelo tranquilo
pero rápido.
Conquistaríamos a las terrestres lombrices,
los pájaros envidiarían mi ligereza.
Si yo fuese una mariposa
sería blanca
porque ahora soy negra.
Sería silenciosa
porque ahora todes me oyen llegar
con mis sonoro vuelo,
agradaría porque ahora me repudian
y quisieran aplastarme
porque molesta mi naturaleza,
tendría pequeños ojos
porque ahora los tengo grandes
y rojos
y veo demasiado bien la mierda.
Si yo fuese una mariposa
no sería mosca…
pero me querría de la misma forma.

viernes, 7 de abril de 2017

Nico

Viniste
y no te fuiste hasta que te matamos.

Cuando yo llegaba a casa
tú venías
como si no hubieras estado allí hasta ahora
y ronroneabas
contándome qué se yo… las pestañas,
mientras me olisqueabas
y me decías “hola”.

Jamás venías, en cambio,
cuando me iba.
Habías comprendido perfectamente
la promesa implícita
en cada uno de mis besos:
que siempre
siempre volvería.
Volvería a mi hogar: tú.
Volvería a suplicarte abrazos
para curar mi herido corazón,
volvería para impregnarme de tus pelos
porque eran mi mejor vestido,
volvería para compartir la cama
con quien amo
y susurrarte buenas noches
con una sonrisa cansada
-y, sin embargo, de las mejores
que he podido esbozar-,
volvería porque me aterrorizaba
la posibilidad de que sintieras
por un jodido segundo
el corazón vacío,
abandono,
soledad;
volvería por si querías jugar
o mirarme,
o que te abriera la ventana
para que olisquearas el aire.
Para que olisquearas el aire
como me olisqueabas a mí
hasta que te matamos.

Porque el mundo, mi amor,
ya no podía respirarte.
Y un mundo que no puede respirarte
debe irse a la mierda
pero no contigo dentro.

Ahora que eres un ángel: vuela.
Yo seré tu aire.

jueves, 2 de febrero de 2017

La próxima salida...

Sentía la líbido tratando de prenetrarle cada célula. No era sexo exactamente lo que ansiaba, más bien el morboso contacto humano. Pensó en cuando él la había excitado mediante susurros en aquella ciudad extraña. Eso nunca había sucedido, pero le había provocado una sensación tan real, que deseaba que así fuera. Quería comprobar si podía ser real. Ojalá le tuviera cerca.  Tal vez se abalanzaría sobre él en el mismo tren, besándole en la boca y restregándole las piernas en las suyas, empapados por las miradas de los demás pasajeros. ¿Qué harían esas miradas sino potenciar el placer de la situación? 
Se imaginó que, tal y como estaba, no llevaba bragas. Sentada con las piernas ligeramente separadas, con falda. La chica de enfrente, por mencionar a alguien, podría ver el vello negro y esponjoso de su pubis, quizás alguna parte de sus labios vaginales. Ella disimularía, fingiendo no importarle ni ir así, ni que otras la miraran; pero sentiría un profundo placer, una agradable sensación de cosquilleo  en su entrepierna que no haría sino alimentar el deseo, volviéndolo desenfrenado, haciendo que la líbido golpeara sus células hasta romperlas.

jueves, 5 de enero de 2017

Menuda boca tienes

Menuda boca tengo:
unos labios,
unos pocos dientes…
Y lo peor
es que no está cerrada
en absoluto.
Mas bien pudiera
carecer de lengua,
pues pocos son lxs que
mi idioma entienden
(o eso me parece).

A menudo visto diferente,
con ropa que ni siquiera a mí
me gusta,
solo para demostrar que
a) las apariencias son
una caca de elefante y
b) cómo me vean los demás
no tiene por qué afectarme.
Pero, sobre todo,
es una forma de asegurar
que guardo un parecido igual a cero
con aquellas personas que desprecio
(pues no lo guardo con nadie).

¿Llamar la atención?
Sí, claro.
Sobre el derecho a la individualidad.
A salir a la calle
con un pijama de patos
si a una se le antoja
antes de acostarse.

Menuda boca tengo.
Resulta que si hablo
no sube el pan
pero falto el respeto.