miércoles, 12 de junio de 2019

Si tuviera que elegir

Si tuviera que elegir
me quedaría contigo,
que no inventas constelaciones
con mis lunares:
me enseñas el nombre real
de las estrellas.
Y me los repites
una y otra vez
si se me olvidan.
 
No te das cuenta
de lo que me pone
que me pidas
que te repita la lección.

Me quedaría con tu seguridad
ante mis “pero”,
con tus brazos abiertos
a que me quede
y me vaya cuando quiera.
Con tu paciencia,
con tu risa de tormenta
y tu llanto de cocodrilo,
y venga a tronar de nuevo
y yo metiéndome en tu saco
por el miedo
o por los monstruos.

Adonde quiera que vaya
mis monstruos van conmigo,
pero tú
sabes la forma perfecta
de acariciarlos.

Les he enseñado a contar chistes.
Cuando quieras
nos divertimos
otra vez.
Y si no nos besamos…

miércoles, 29 de mayo de 2019

Claro que se oye un árbol cayendo en el bosque

Les duele ver convertirse los campos en polvo,
no ver más dormir la hierba bajo la niebla.
Les duele ver morir también sus pueblos
por ese goteo constante de ausencias.
Nos duele tener que pagar
por nuestra propia vivienda.
Nuestro hogar no se negocia,
repito,
con nuestro hogar no se negocia.
Duele que ya nadie mire las montañas
como antes
y se prioricen los centros comerciales
para zombies.
La frutería de mi vecina se la cargaron
y ahora se les hincha el pecho
por ofrecerla un empleo.
Sin duda,
ellos
son
los buenos.
Pero los hombres grises
no saben los colores de la tierra
ni conocen la cantidad exacta de agua
para que nos dé un tomate.
Son grises como las nubes
que tapan el sol
pero no llueven
y nos enfrían los pueblos
y ciudades,
da igual:
todo lo que toquen,
todo lo que piensen
se derrite
da igual dónde.

Son ellos quienes impusieron
a los vecinos macrogranjas
que no querían
-y que no, que no las querían-,
ellos que venían de lejos
y que, por supuesto,
no vivirían allí
para invitar a café a las vecinas.
Vivirían en otro sitio con sol,
lejos de lo que hacían
para que no les quemara las retinas,
donde los llantos de los animales
no alcanzaran.

A mis amigxs les duele algo,
y creo que necesitan cuidar
y proteger su tierra para sanarlo.
Supongo que para que dentro de unos años
puedan seguir viéndose amapolas
en las laderas,
que no se sabe si son sangre
viva o muerta
pero es
una sangre imprescindible.

jueves, 23 de mayo de 2019

2 + 2

No me hables de amor
si no has tenido que echar
a una mosca de tu habitación
aun queriendo que se quedara
pero priorizando tu necesidad de descanso.
Y entonces esas patitas negras
y peludas,
esas alas frágiles
no volvieron
aunque dejaste la puerta abierta.
Estaba en su derecho.
En cambio, no pudo ver
cómo te crecía la hiedra
de las plantas de los pies
enrollándose por tus piernas
hasta tu cabeza.

Comprende
que también se puede amar
una calle vacía,
un cactus,
un libro de los que hacen ojeras,
un bolígrafo bonito,
un césped muy verde,
la música que sale de las gaitas,
incluso a varias personas
a la vez.

Que hay corazones tan anchos
como un embalse de flores
y también tan vulnerables.

Que a veces 2 + 2 es igual a
saber ponerse en otros zapatos.

martes, 21 de mayo de 2019

Usted debe saber

No sea usted antipático
como esa espina que pincha
cuando nadie se ha acercado a tocar.
Deje
que ese tono gris oscuro de su voz
se diluya en agua
para que sea más suave tragarlo,
menos amargo.
No se expanda tanto
como un sol de verano
a lo largo del desierto
porque no todas tenemos agua
en un momento dado
y puede que no nos apetezca sobrevivir
soportándole.
Usted debería saber
que ser amable es gratis
y necesario.
Pruébelo un día,
ya verá,
y después me cuenta.

martes, 26 de marzo de 2019

Próxima estación...

La primavera ha llegado,
aprecio desde el autobús.
Tras el cristal,
veo el mundo mientras avanzamos.
No tengo ojos para el asfalto o las farolas,
aunque sí para las casas sueltas que se pierden
entre la maleza.
Me gustaría vivir cómodamente en una de ellas.
Veo así los árboles en las laderas,
las praderas, todas verdes.
No molestan los árboles de tonos pardos
ni los que todavía carecen de hojas.
No molesta la jugosa tierra
dispuesta para el cultivo.
Casi puedo oler desde aquí el perfume del barro.
Casi puedo cogerlo
y apretarlo entre entre mis manos,
arrimármelo a la cara e inspirar muy fuerte
bajo el confortante sol de las diez de la mañana.
De pronto, algo me hace cosquillas en la mano.
Una diminuta planta está creciendo en mi diario.
Pequeños tallos se extienden también
por el asiento vacío de al lado,
desperezándose.
Por el techo empiezan a avanzar enredaderas.
Una morada flor sale por la rejilla del aire.
Una mariquita me recorre el brazo...
¿sabe que sonrío?
Ya no hay un dentro-fuera,
el pasillo del autobús
es un camino de tierra.
Al volver a mirar por la ventana
me encuentro sola,
sentada en el suelo en medio de la nada del todo.
Siento pánico porque la mariquita ya no está,
pero un pájaro pía desde una rama
y me consuela su presencia.
Busco cobijo debajo de un árbol.
Me quito los zapatos.
"Supongo que ya he llegado a mi destino",
me digo.

miércoles, 30 de enero de 2019

Tengo la piel quemada o con costra

Sufro porque no quiero
que nadie sufra:
ni mi madre
ni mi hermana
ni mi hermano
ni mi abuela
ni mi padre.
Tampoco los animales,
ya sea un elefante
o un ratón
(los elefantes me dan pena
solo con verlos:
me parecen demasiado nobles
para este mundo incierto).

Sufro porque no quiero sufrir
por sufrir.
Pero ni la soledad
ni el cáncer
y ni siquiera la falta de habilidades sociales
de los demás
está en mi mano
por mucho que haya estudiado
cinco años
en la universidad.