domingo, 2 de noviembre de 2014

Naufragio en el jardín de las flores asesinadas por suicidio

Estaba yo con mi amor
sentada en una terraza,
yo me puse frente al sol,
pedimos unas patatas.
Llenóse el lugar al instante,
por madres, madres y más madres:
ni sus aspectos eran galantes
ni pinta tenían de interesantes.
Fijéme en dos florecillas,
con gafas y tono serio, la una,
la otra nada decía,
y es que su fiel compañera
se afilaba las espinas
y contaba, con voz fina,
cuán dura su vida era…
Tenía una suegra horrible
la florecilla, temible,
y un marido machista
al que tenía que cuidar.
Vaya, vaya, menuda novedad,
la auténtica tragicomedia
de una chica de ciudad…
Mi amor comía sus patatas
y yo mis orejas alargaba
mientas comía las mías,
(se estaban quedando frías
y una sensación pastosa
recorría toda mi boca).
Por lo visto la florecilla, a su florero,
no le daba bien con el plumero,
por lo visto la florecilla,
con su pico, tenía que cuidar
y cuidar a sus chicos,
por lo visto la florecilla, su marido,
trabajaba mucho y cuando llegaba
estaba molido…
¿De qué se queja esta flor seca?
¡Se oyó una voz, lo juro, la oí!
Ni hablar ni oír ni escupir deja,
¡claro, lo quiere hacer todo ella!
Si fracasar es de humanos
más humano es decidir fracasar.
No caigan palabras en saco vano,
no cesarán los arroyos de manar
porque  una florecilla se tire
a la que haya que salvar.
¿No ves que te has arrancado
y sin raíces te has quedado?
Ya no puedes agarrarte,
pero, si hay que naufragar,
elige tú la dirección, elige tú el lugar.
Que a las aguas las palabras
no le vienen a bañar.
¡Pobre florecilla desgraciada
la que tenía que asentir!
¿Sería también su vida
un supuesto sinvivir?
Miré a las demás florecillas
hacia uno y otro lado
y eran muy parecidas todas:
así el pelo recogido,
allá el niño, el plato, el abrigo.
Magnífico jardincillo
de pétalos marchitados.
“¿Yo voy a ser como ellas?”
le pregunté a mi amor.
“Dímelo, pues, sé sincero.
Pero no me mires a los ojos
por si acaso me lo creo…”
Comíose sus patatillas
y no me hizo ningún caso:
me miró,
esbozó una de sus sonrisas
y, sin compasión, me besó.


(A modo de aclaración, decir:
que la autora de esta entrada 
contra el fracaso no tiene nada.
En la vida hay pocas opciones,
entre ellas: fracasar, o ser fracasada.
Mas pretende destacarse en estos versos
esa cierta hipocresía de victimizarse
por los propios actos hechos
y cargar el peso solo en brazos ajenos.
Sin más ni más, me despido,
así mismo,
tan rápido vengo como rápido ya me he ido...) 

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